La superación de desafíos en 3 simples pasos

Las personas y la superación de desafíos

Si hay un tipo de persona que me encanta, son las personas que están dispuestas a romper con sus propios límites con tal de lograr lo que anhelan. Me refiero a esas personas que no se conforman con vivir al mínimo, porque intuyen el potencial que tienen y quieren expresarlo al máximo.

Son ambiciosos, y no se avergüenzan de serlo. Sueñan en grande, pero tienen los pies bien puestos sobre la tierra. Son capaces de modificar su forma de pensar si detectan conceptos o creencias limitantes en su propia mentalidad (es decir, son humildes). Y tienen esa mezcla de fe, paciencia y testarudez que los lleva exactamente donde quieren llegar.

La verdad no me importa mucho si las aspiraciones que tengan sean de orden material, espiritual, afectivo, profesional o cualquier otro. Lo que me encanta de ellos es ese espíritu que los lleva a someterse a un proceso de aprendizaje y transformación, para dejar de ser lo que han sido y empezar a ser lo que quieren ser.

Límite de reconocer el deseo interior

Me he dado cuenta de que el primer límite que hace falta superar para iniciar este proceso de transformación, tiene que ver con reconocer el deseo que se lleva adentro. Y no sólo reconocerlo, sino también validarlo.

Porque ¿Cómo puedo alcanzar lo que quiero si ni si quiera sé que quiero lo que quiero? ¿Soy capaz de poner mis deseos por escrito? Y si soy capaz de hacerlo ¿Siento que esos deseos tienen importancia, o los considero simplemente como una fantasía o una banalidad? ¿Me doy permiso para querer eso que quiero?

Las personas de las que hablo tienen la gran ventaja de que no menosprecian sus deseos, sino que los consideran su patrimonio personal. Hay una enorme reserva de energía guardada en cada uno de esos deseos. Pero sólo el reconocimiento y la validación que se les otorgue pueden liberar esa energía y desatar el proceso hacia la concreción.

Límite de sentir merecimiento

Una vez que has reconocido y validado tu deseo es posible que te toque enfrentar un segundo límite: el sentir merecimiento. Si me lo permites, quiero decirte que no tienes que hacer méritos para merecer, aunque suene raro.

No tienes que ser buena persona para merecer lo que deseas. Piénsalo un poco: el mundo está lleno de gente mala que tiene todo lo que quiere, y lleno de gente buena que vive experimentando desgracias. Si lo deseas y no le hace daño a nadie, entonces considera que ya lo mereces. No te demores demasiado en este punto.

Y aquí, una aclaración. Muchas veces nos negamos a darnos lo que realmente queremos porque creemos que eso implicaría, justamente, hacerle daño a alguien más. Pero tal vez no se trata de un daño. Tal vez la manifestación de tu deseo produzca incomodidad, desaprobación o dolor en el otro, pero no necesariamente daño.

Romper desafíos no es algo inocuo. Como cualquier revolución, es algo que implica cambios para quien los promueve, pero también para quienes están alrededor. Si te transformas, si tu vida se transforma, todos a tu alrededor tendrán que aprender mirarte y a relacionarse contigo de otra manera. A algunos les gustará el cambio, pero a otros no. Ojalá eso no sea excesivamente importante para ti.

Límite a la disposición a actuar

El tercer límite que hay que romper tiene que ver con la disposición a actuar. Porque si no actúas, no produces movimiento. Y si no hay movimiento, no hay cambio. Sentarse sólo a visualizar no te va a llevar a esa realidad que anhelas. También tienes que buscar, hacer intentos, moverte, hacer cosas que antes no habrías hecho, empujarte un poco más allá de tu zona cómoda, buscar el camino incluso donde pareciera no haber posibilidad, estar dispuesto a fallar, y estar dispuesto a acertar.

Es increíble para mí ver casos y más casos de personas que estuvieron atrapadas en la negación de sí mismas durante años, y que de pronto, por algún motivo, despertaron. Conectaron con su deseo. Entraron en crisis (sin crisis, no hay cambio). Y de pronto aparecieron a años luz de donde habían estado.

Sus miradas cambiaron. Su tono de voz cambió. Puede ser que estén aún en proceso, pero ahora hay más brillo en sus ojos y más risa en sus bocas. Puede ser que tengan la vida medio desarmada, o desarmada por completo, pero les entra más aire en los pulmones cada vez que respiran, y pareciera que les corre más sangre por las venas.

Todos tenemos la posibilidad de transformarnos a nosotros mismos y a nuestras vidas. Depende de hasta dónde seamos capaces de reconocer que así lo deseamos, que así lo merecemos, y de que realmente estemos comprometidos con nosotros mismos.

Cada vez me convenzo más de que los desafíos más grandes con que nos podemos encontrar están siempre dentro de nuestra propia cabeza.

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