El mal hábito de postergar lo impostergable

Parece imposible, en gran número de personas, imaginar siquiera la posibilidad de sentirse en plenitud en áreas como el trabajo o en funciones y roles que demandan de mucho esfuerzo y paciencia, como la de ser padres por ejemplo.

Es común que ante estas circunstancias nos encontremos cansados la noche antes de arrancar el día que sigue, inclusive solemos proyectar el cansancio que vendrá, durante las vacaciones. ¡Vaya proyecto!

Sugerencia de lectura: Cumple todas tus metas en solo 5 pasos. .

-“Espera a que llegue el fin de semana” dice la práctica cotidiana de nuestros actos, acompañada de una fuerte carga de responsabilidad que ejerce, en nosotros, la función represora que nos impide visualizar qué hay detrás de toda aquella magia que está presente durante los 365 días, cada año.

Postergamos todo

Postergamos amar: este es el punto más fuerte porque es lo que determina la funcionalidad de la familia como tal y todo tipo de relaciones.

El amor está en la base de la empatía más sencilla: compañerismo, amistad, pareja; simplemente es clave para poder llevar a cabo cualquier acción vincular.

Aunque no solemos hablar de amor a la hora de dialogar sobre trabajo, o de personas amorosas, -porque no es lo que se busca en un perfil laboral-, es inteligente y oportuno hablar de amor, en un sentido genérico, en la atmosfera profesional.

Esto es así porque culturalmente la rutina ha trazado el modo en cómo vemos la realidad, ésta marca las horas de cuándo es oportuno disfrutar.

Los buenos momentos suelen ser los más cortos

Quienes hemos vivido lo suficiente, y el tiempo ha dejado sembrado un sin número de experiencias en el transcurso del tiempo, sabemos que los buenos momentos suelen ser más cortos que aquellos otros que perpetúa la rutina. Ésta le confiere características propias al “día a día”. Como si hablar de la vida que elegimos llevar, allá lejos y hace tiempo, cobró entidad, tiene su singular esencia, es quien maneja los hilos y entreteje las relaciones, dejándonos por fuera de una nueva elección, de posibles cambios.

Sucede así porque luego de varios años de un mismo rítmo, en donde nada relevante acontece, y los sucesos se encaminan simplemente a satisfacer lo básico sin lugar a lo nuevo, esto último (lo nuevo) se presenta más como una amenaza y desequilibrio, que como una oportunidad.

Visto de este modo, pero intentando llevar las vivencias a un plano más profundo, podemos pensar que en la mayoría de los casos se posterga el costado positivo del ámbito laboral, llevándolo sólo como una carga tediosa y adjudicándole la culpa de lo mal y cansado que uno se siente, justificando, de esta manera, los incumplimientos en las demás esferas como la de la pareja, entre otras.

Se trata de una obligación, de acuerdo, pero también lleva implícita la motivación para sentirte productivo, proactivo, útil y digno.

La mala práctica de llevar el trabajo al hogar

A veces no hay opción en la cantidad de horas laborales invertidas, pero si podemos elegir, lo óptimo siempre será, “cerrar el libro antes de que se te cierren los ojos” esto es lo mismo que decir no llevar tu labor a tu hogar, a tu familia, o a tu cama porque será a partir de ese momento donde comiences a cambiar lo que te da vida relacional y vincular.

Es decir, tus afectos más cercanos,  por aquello que te da dinero, -que si bien es un complemento para la armonía-, a diferencia de lo afectivo, debe tener un límite y un horario; no excederse usándolo, a veces, como válvula de escape ante la imposibilidad de hacer frente a problemas más sustanciales de la vida cotidiana. No es un buen negocio.

Debes encontrar el equilibrio

Un armónico equilibrio entre ambas situaciones es lo que hará la diferencia. Se necesita tanto de una función como de la otra para sentirte pleno a nivel personal; pero la felicidad genuina es gratis y no tiene precio, de querer comprarla, y hallarla es tan sencillo como tomar una decisión: decidir encontrar espacios que la brinden depende de cada ser; un viaje otorga cierto entusiasmo y alegría, comprar un auto o adquirir un inmueble, pueden otorgarte gratos y largos momentos de felicidad.

Aún aquí no podemos decir que esto sea una felicidad propiamente dicha, a ésta la encontraremos en los abrazos de seres amados, en la mirada tierna de hijos o sobrinos mientras lo vemos crecer; en la cena; en los juegos; en los momentos compartidos de charlas y risas; con nuestros amigos; y también sintiéndonos a gusto con lo que hacemos en nuestros respectivos trabajos, de esto se trata la felicidad, de decidir a qué momento le confiero una connotación positiva y optimista.

Llegar a ellos tiene que ser la motivación de cada día y de cada mañana, y por supuesto que no deben estar limitados a Viernes, Sábados o vacaciones.

Todos los días pueden tener momentos felices si así lo decides.

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